miércoles, 30 de agosto de 2017

Como murió en Guaymas Refugio Atayde Guizar

En aquel tiempo era el Circo Atayde un circo pobre de cuyos empresarios y cirqueros son nietos y bisnietos los actuales, llego a Guaymas en el año de 1888, y en la Plaza de Toros de Serdan y Calle 18, se presentó modestamente, ante un concurso numeroso, ávido de diversiones y de novedades.

ataydeFrancisco Atayde, el mayor de la familia, vistiendo frac o jaqué negro, se encarga de exhibir en la pista la habilidad de un caballo amaestrado,obediente a las indicaciones del látigo resonante de su amo sobre el piso de aserrín, y después su hermano Aurelio ejecutaba un acto que provocaba enorme expectación: el gran salto a la Leotard, Ajustando al cuero desde la cuello hasta los pies, un traje de malla, cubierto totalmente de lentejuela de color oro, saltaba airosamente de un trapecio al otro, los dos en movimiento, frente a frente, y recibía como premio a su arrojo y a su agilidad, estruendosas ovaciones.

Don Cayetano Iñigo y don José Iberri, desde sus asientos del palco de madera tosca, que crujía a veces, seguían con los ojos al acróbata en su vuelo, y comentaban entusiastamente la limpieza de la ejecución. Estábamos sentados cerca de ellos, y al oír lo que decían, se avivaba nuestra infantil admiración hacia aquel pájaro humano que salvaba las distancias en el aire con la rapidez de una flecha disparada por un arco



Favorecía al circo la fortuna; el público, en gran número, acudía a sus funciones, y los Atayde se mostraban satisfechos

De improviso, sin embargo, un terrible accidente del oficio los llenó de duelo. El domingo14 de Junio circos10de 1888, por la tarde, los hermanos menores, Refugio de 12 años y Andrés de 10 u 11, se presentaban en el acto del trapecio doble, haciendo evoluciones arriesgadas que todos presenciábamos con atención. El circo carecía de red protectora para las caídas desde las alturas y la suplían con un cobertor sostenido por 4 adultos de la compañía, mientras Andrés y Refugio se entregaban a sus ejercicios; pero tuvieron unos cuantos minutos de descuido; distraídos, aflojaron la tensión de la frazada, se rompió en dos la barra del trapecio en que Refugio trabajaba, y el pobre muchachito, sin la protección de la frazada, cayó en tierra sin sentido.

La consternación fue general; levantándolo del suelo sus hermanos y angustiados lo llevaron a la pobre casa que habitaban, a la entrada del corral, y compungido, el público se dispersó, comentando el tristísimo percance, que automáticamente puso fin a la función.

A las once y media de la mañana del siguiente día, Refugio Atayde Guizar expiró, y sus deudos y compañeros, angustiados, sepultaron el cadáver en el Guaymas de aquel tiempo, el viejo Guaymas
Nota. En un folleto que los Atayde de esos días publicaron, se asienta que la desgracia acaeció por haberse reventado una de las cuerdas del trapecio; pero la versión es inexacta, pues lo ocurrido en realidad, es lo que hemos relatado.

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